VENEZUELA: Un Balance De Trasnocho, O El Papel Del Movimiento Popular Ahora
Enviado el Monday, 17 December a las 13:53:36 por sodepazadministrador |
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felixjesus escribió "Tras la pírrica victoria opositora del pasado domingo, debemos realizar algunas reflexiones desde el movimiento popular revolucionario, que nos den algunas luces sobre lo acontecido y el papel que debemos jugar en lo sucesivo, y aunque el momento se presta para salir como siempre a buscar culpables de una derrota que no fue tal, debemos ser más honestos y evaluar nuestro propio papel, la idea no es salir ahora con el pensamiento mágico garcíamarquiano de la “mala hora”. Todo acontecer tiene una causalidad y como tal es consecuencial. Los procesos revolucionarios no son temporales, sus obstáculos no hay que sortearlos sino enfrentarlos revisándose el bolsillo de la duda con humildad proletaria.
Un Balance De Trasnocho, O El Papel Del Movimiento Popular Ahora
Tras la pírrica victoria opositora del pasado domingo, debemos realizar algunas reflexiones desde el movimiento popular revolucionario, que nos den algunas luces sobre lo acontecido y el papel que debemos jugar en lo sucesivo, y aunque el momento se presta para salir como siempre a buscar culpables de una derrota que no fue tal, debemos ser más honestos y evaluar nuestro propio papel, la idea no es salir ahora con el pensamiento mágico garcíamarquiano de la “mala hora”. Todo acontecer tiene una causalidad y como tal es consecuencial. Los procesos revolucionarios no son temporales, sus obstáculos no hay que sortearlos sino enfrentarlos revisándose el bolsillo de la duda con humildad proletaria.
La idea de instrumentar, como proceso, la construcción del socialismo tuvo un revés. Eso no implica que bajo nuevos balances y revisiones se recupere está maravillosa síntesis que se venía haciendo de los intentos emancipadores de la humanidad. El “copismo” de realidades distintas ya en otras épocas había sido una fuerte rémora para nuestro avance histórico. El síndrome de la homogeneidad partidista, los estilos de soberbia autoritaria, el fantasma del socialismo como “dictadura proletaria”, pudieron hacer mella a la ansiada profundización de la democracia; debemos entender que hay tres decretos que no funcionan en una revolución: la unidad, la dirección revolucionaria, y el socialismo.
Se había venido logrando aciertos. Todos enfocados hacia la reinvención de una izquierda que superara el manualismo, el cliché panfletario o la construcción de un poder para el poder mismo. Nuevas categorías como el consenso, tolerancia, razón y corazón, unidad en la diversidad, redes de redes, se diluyen frente el pragmatismo de los medios que son justificados por un supuesto buen fin. En éstas el consenso, visto no como aplastamiento del Otro sino como un actuar en un todo coyuntural, que tolera la diferencia y demanda el proyecto más justo para hacer síntesis, fue puesto a un lado para imponer una unidad pegada con saliva de loro, donde sirios y troyanos conviven en una estructura policlasista, donde la dinámica electoral burguesa marca la pauta, la maquinaria del dinero pone y quita liderazgos, y lo ideológico no es más que una excusa para detentar el poder por el poder. Por otro lado la razón unida al afecto y al convencimiento del ser por una causa noble fue desplazada por el calculo politiquero, de quien es mas pana mío que del otro aspirante a dirigente, desplazando a dirigentes de base para imponer al amigo adeco o copeyano que apenas acaba de llegar al partido pero es mi pana, lo que desmotivo a muchos camaradas, como el compañero guatireño que conseguimos a las dos de la tarde en su casa, y que nos reclamaba que “en esta oportunidad el comando Zamora ni siquiera lo había llamado para votar, y en la reunión del PSUV los concejales le habían impuesto un ingeniero que recién llegaba al municipio como coordinador político, y el tipo no apareció nunca, y al reclamar lo llamaron contra-revolucionario”. La unidad en la diversidad se impone como una necesidad; avanzar oyendo, con humildad, sin etiquetar al primero que salga con una critica como un “pitiyanki burgués” debe ser una norma en nuestro accionar del futuro.
Necesario es la gallardía de crecer con las derrotas y con autocríticas sinceras. Un balance sensorial de amanecido daría algunas revisiones necesarias. Algunas de ellas serían volver a cautivar, pero enamorar de verdad, con la construcción de un poder popular, no como apéndice del Estado sino un contrapeso, más autónomo y vigilante de los vigilantes, con mayores mecanismos de control de los que ejercen el poder ejecutivo. Una acertada política de aliados, sin sacar a pedradas al diferente y sin que esto niegue el reagrupamiento constante de los revolucionarios en un todo funcional directriz, con unidad de mando perfectamente acabada y concertada, y no en un proceso de conformación, que pueda, por su solidez, trazarse tareas de envergadura, y concretar una elaboración colectiva del proceso. Pareciera también oportuno, para entendernos con la diversidad, la urgente necesidad de un Frente Antiimperialista que lleve a cabo tareas de liberación nacional, propias del reformismo nacionalista que es el nivel de conciencia de algunos actuantes del proceso. También se debería idear la forma de vincular de manera real con el pueblo a una gran cantidad de intermediarios autistas que sólo sonríen y levantan manos para aprobar sin pensamiento crítico la línea oficial o para aparecer en las cámaras televisivas, y que solo por amiguismo son colocados a dedo como dirigentes de un proceso en el cual ellos mismos no creen. El proceso creó unos ciudadanos de primera que no difunden la idea socialista pues les afecta, ellos son la nueva elite que usufructúa las mieles de la nueva sociedad medrando a los desposeídos. En ellos, razón y corazón no es posible, son una elite que no habla con sentimiento si no con calculo, y la cual debemos enfrentar hasta el cansancio.
En todo este navegar fallaron los motores y en particular el de Moral y Luces, en consecuencia el pueblo no entendió las directrices estratégicas, que por cierto partieron de la exterioridad de las masas y no desde las masas. Soluciones de arriba para los de abajo ya no crean identificación plena, son sólo terapias de falsa participación, lecturas e “interpretaciones” de manuales que crean la sensación de inclusión pero no pierden su esencia gatopardiana. Todo esto nos llevó a perder o a tener en Stan bay la bicoca de 3 millones de votos.
En todo caso, y sin la intensión de “celebrar la derrota porque es victoria” hay un salto político de un 49% que aparentemente se define por el socialismo. Hay una oposición que pierde banderas y ya habla de unidad nacional, respeto a las instituciones; que cree en nuestra Carta magna y dice que nuestro presidente no es un dictador. Un contendor que toma un aire y quizá ahora algunos sean menos agresivos. Aprovechemos entonces que no todos son los que están y no todos son los que son. Salgamos de la “mea culpa” cristiana, depuremos y solicitemos revolucionarios con criterio propio. Así podremos confiar en alguien como en el pana tocuyano, que nos dijo: “Nosotros hicimos todo lo posible, la burocracia no”.
Demos el paso adelante y firme de construir una instancia de unidad del movimiento popular que pase por encima de la nueva elite y la desplace en la toma de decisiones, para que los próximos pasos del proceso sean dados desde abajo, y por los de abajo, reafirmando una vez más que el único camino de esta revolución es el de las comunidades, ratificando la propuesta central del camarada Kleber Ramírez: “Dotar a las comunidades de poderes de estado”, esa es la tarea del movimiento popular hoy, avanzar hacia la construcción de la un unidad popular revolucionaria, y de una dirección unitaria de la revolución, desde abajo y a la izquierda.
¡¡¡PATRIA SOCIALISMO O MUERTE... VENCEREMOS!!!
Secretariado Político Federal de
Izquierda Unida Venezuela
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