Manifiesto íntegro que leerá Rosa Regas tras la manifestación contra el atentado de ETA en Madrid
“Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran. Donde empieza el silencio: avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de un agua remota que me espera donde comienza el alba. Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día” [Octavio Paz, Libertad bajo palabra]
Hace dos semanas,
en plena efervescencia de buenos deseos para el nuevo año, una
bomba
mató a Carlos Alonso y a Diego Armando. ETA volvió a
atentar contra la
vida, haciendo añicos la esperanza honestamente alimentada
durante un
amplio periodo de tiempo por los hombres y las mujeres que conviven en
este país. Una vez más un crimen de ETA, tan
inútil como macabro,
vuelve a reunirnos en las calles de Madrid.
Con ellos murieron
una parte de los sueños de miles de migrantes que cada
día cruzan
océanos y desiertos para hacer realidad los derechos humanos
básicos
para sus familias. En un sistema económico que decide quienes
son los
dueños de las oportunidades; en un mundo que se gasta más
dinero en
armas que en medicinas y escuelas, las personas migrantes, como Diego y
Carlos, trabajan, sueñan y apuestan por una vida digna para
todos.
Estamos aquí para mostrarles nuestra solidaridad y apoyo y para
condenar con toda nuestra rabia y nuestro pesar este repugnante crimen.
Pero
la bomba del 30 de diciembre también hizo pedazos los
sueños de los
hombres y las mujeres sin distinción de lugar de nacimiento que,
por
opción o por azar, tenemos esta tierra como casa. Los que
creímos que
era posible recuperar el poder de la palabra para conquistar la paz.
También de esta negación de la palabra fueron
víctimas nuestros
compañeros. Ante la inocencia de las victimas se oponía
la bajeza de un
acto irracional que rompe con la esperanza de las fuerzas
democráticas.
La
muerte absurda, terrible, traicionera. La muerte infame, la muerte
agazapada ante sus victimas esperaba oscura, indolente en la
modernísima terminal 4 del Aeropuerto de Barajas. Esa muerte sin
sentido, ni razón, esa emboscada del terror ha golpeado a la
sociedad
española, a todos los que aquí vivimos y ha truncado la
vida de dos
compatriotas ecuatorianos.
Y desde esta Puerta de Alcalá, donde
conviven pasado y presente, el primer grito unánime que sale de
nuestras gargantas es ¡No al terrorismo, no a ETA! ¡Si a la
paz y a la
libertad! ¡Si a la unidad para derrotar al terrorismo!
Nos
manifestamos para mostrar nuestra repulsa a ese vil atentado. Nos
manifestamos para expresar, en este acto cívico, nuestra firme e
irrenunciable determinación de acabar con la lacra de la
violencia. Nos
manifestamos para apoyar la unidad de los demócratas en torno a
los
valores de la libertad y a las Instituciones e instrumentos del Estado
de Derecho. Es la hora de expresar, una vez más, nuestro
reconocimiento
y apoyo a la labor realizada por los profesionales de los Servicios de
Seguridad y de Urgencias y Emergencias.
Nos manifestamos en
solidaridad con Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio,
ecuatorianos de origen que vivían, trabajaban y eran parte viva
e
ilusionada de la sociedad española. Habían venido en
busca de la
oportunidad de conseguir un trabajo digno y progresar a una vida mejor.
Desde hace años aportaban su esfuerzo y contribuían, como
el resto de
trabajadores españoles, a la prosperidad y el desarrollo del
conjunto
del país. La organización criminal ETA ha puesto fin a
sus vidas, ha
roto sus sueños, ha llevado el dolor a sus familias y a sus
pueblos.
La
banda terrorista ETA con este sangriento atentado ha decidido dar por
concluida la tregua permanente que hace unos meses anunció y
terminar
con más de tres años sin asesinatos. Se quiebran con
ello, nuevamente,
la esperanza y los deseos de paz de la sociedad española, y
especialmente de la sociedad vasca, manifestados de forma permanente. Y
por la forma y el lugar elegido, ETA no sólo ha roto la tregua
que
unilateralmente declaró, sino que ha pretendido mandar un
mensaje de
muerte y dolor atentando en un lugar altamente transitado.
De nuevo de nuestras gargantas sale una exigencia: ¡Que ETA
abandone definitivamente la violencia!
Los
terroristas y quienes les avalan y apoyan se vuelven a confundir. Este
nuevo crimen como todos los que han cometido hasta ahora es
profundamente inútil, solo ha conseguido llevar la muerte y el
dolor a
dos trabajadores y sus familias cuando se disponían a reunirse
viajando
a su querido Ecuador. Se equivocan cuando desoyen el clamor
unánime a
favor de la paz y de la convivencia pacífica y caen en un
trágico error
si creen que con la coacción, con el chantaje y con el terror
van a
provocar la fractura del marco democrático y quebrar la voluntad
de los
demócratas.
Se equivocan quienes creyeron que las muertes de
Diego y Carlos nos dejaron sin palabras. No conseguirán acallar
las
voces de quienes estamos profundamente convencidos, como decía
nuestro
hermano y compañero Víctor Jara, de “el derecho de vivir
en paz”. No
serán nuestros compañeros asesinados el pretexto. Ni las
armas, ni
aquellos que pretenden instrumentar nuestro dolor, acabarán con
la
esperanza de que el ejercicio de la palabra traiga la paz y la libertad
a lo largo y ancho del territorio español.
En estos momentos
difíciles, el pueblo andino y el pueblo de Madrid se sienten
hermanados
en el dolor y la esperanza, así como agradecidos a las
múltiples
muestras de solidaridad. Estamos profundamente convencidos y
convencidas de que en esta sociedad global cada vez somos más
las
personas que entendemos que ningún hecho tiene consecuencias
aisladas.
Cada vez es más evidente que los conflictos armados, el
deterioro
ecológico y la pobreza son problemas de todos y todas. Los seres
humanos y los pueblos que compartimos esta tierra, nuestra pachamama,
estamos necesariamente hermanados en la construcción de un mundo
más
sostenible, más justo y en paz.
Las organizaciones convocantes de
esta manifestación y todas aquellas que se han adherido a la
misma, los
ciudadanos aquí presentes, le decimos una vez más a ETA
que no nos va a
amedrentar. Queremos decirle a ETA que si su propósito con este
atentado es que los demócratas cedamos a su reto y a sus
intenciones,
sabe ya que tiene la batalla perdida. No lo ha conseguido en 40
años.
No lo ha conseguido ahora. No lo conseguirá nunca. Queremos
decirle a
ETA que si piensa que nosotros, unidos en los valores y las
instituciones del Estado de Derecho, vamos a abdicar de nuestras ansias
de paz y libertad, renunciando a luchar por el fin del terrorismo,
está
muy equivocada. Todos nosotros le decimos a ETA que ha elegido el peor,
el más inútil de los caminos. Este final de tregua,
sólo servirá para
prolongar el sufrimiento, ni antes ni ahora alcanzará objetivo
político
alguno.
A tantas víctimas que el terrorismo etarra ha provocado a
lo largo de estos años se han unido ahora, Carlos Alonso Palate
y Diego
Armando Estacio. Todas ellas son la prueba palpable de la
irracionalidad y la inutilidad del terrorismo. Cada una de ellas
constituye para nosotros un referente moral. El compromiso social y la
obligación de reconocer su sacrificio se hace más fuerte
cada día. Por
eso, queremos que este acto sea un homenaje a Carlos, a Diego y a las
miles de personas y sus familias que han sufrido el brutal zarpazo del
terrorismo en España.
Urgimos a la unidad de todos los partidos
democráticos, de todas las organizaciones sociales y de todos
los
ciudadanos y ciudadanas en torno a las Instituciones
Democráticas, para
hacer frente al terrorismo, derrotarlo y poner fin a la violencia,
sentando las bases de la paz y la libertad.
En democracia hay un
tiempo para la discrepancia y la crítica, pero hoy nos atrevemos
a
pedir que, sin renunciar a ellas y por encima de cualquier otra
consideración, sea el tiempo de la voluntad por poner fin a ETA
y
conseguir la paz.
Es mucho más lo que nos une a los demócratas y
sus organizaciones representativas de lo que pueda separarnos, y no
entenderíamos que los partidos que nos representan y en quienes
depositamos nuestra confianza los ciudadanos, no hiciesen todos los
esfuerzos necesarios para terminar con el terrorismo.
Cuando lo
consigamos, trabajando juntos por ello, nuestra sociedad será
más libre
y más digna, habremos dejado atrás el horror y habremos
dignificado por
completo el sacrificio de quienes dieron su vida por ello, entre ellos
Carlos y Diego Armando.
El sueño de paz que albergamos no es una
utopía, es la fuerza de la esperanza que late en todos los
aquí
reunidos y en toda España, los aquí reunidos abrazados en
esa esperanza
gritamos “por la paz, la vida, la libertad y contra el terrorismo”.
Y
aquí seguiremos apostando por la vida, por la paz, por el
derecho a
vivir en libertad y por la necesidad de entendernos para caminar juntos.
Shuc makilla, shuc yuyailla, shuc shungulla!!
¡Un solo puño, un solo pensamiento y un solo
corazón!