Joan Barril (El Periódico)
ETA tal vez ya no es la vanguardia de nada, sino precisamente la retaguardia de una manera de hacer que no lleva a ninguna parte. La bomba indiscriminada no tiene nunca ninguna coartada. Pero incluso para los irredentos de la mal llamada "lucha armada" la bomba solo es la respuesta a la desesperación. Precisamente ahora, cuando la esperanza era el único valor emergente en la sociedad vasca. De ahí esa curiosa unanimidad de los ciudadanos vascos en continuar el llamado proceso de paz y a la vez, como indicaba el Euskobaró- metro, el escepticismo de la ciudadanía vasca en la resolución de la violencia. O sea: que todos dicen que las bombas no van a cesar, pero todos afirman que hay que seguir negociando. Es difícil negociar con una bomba enorme que estalla a las nueve de la mañana en el aparcamiento de un servicio público. Es literalmente imposible. Eso lo saben los negociadores del Gobierno y también deberían saberlo los otros negociadores. Otegi, por ejemplo, se ha quedado con el culo al aire. Ese era el momento en el que Otegi podía dar un paso al frente y decir que, tal como expresó en Anoeta en el 2004, era hora de que hablaran los políticos. Así lo hizo el Sinn Féin en Irlanda y era el momento para que ahora lo hiciera Batasuna. Un político no sirve únicamente para decir hacia dónde se debe ir, sino para que en el momento en que estalla la bomba recuerde el camino y desautorice a los que la activaron. Otegi ha perdido, por ahora, la oportunidad de decir que el "conflicto" puede continuar siendo un "proceso". Porque el verdadero conflicto no solo lo tenemos nosotros, también lo tiene ese mundo psicológicamente inestable que se mueve entre la necesidad de ser y la angustia de tener que dar silencio a los errores de unos cuantos. Para volver al "proceso", Otegi ha de admitir que en el mundo aberzale el "conflicto" permanece.
Y luego está la lectura catalana de esa bomba criminal. Por un incomprensible papanatismo, ciertos sectores del independentismo han llegado a celebrar cualquier causa secesionista del mundo intentando extraer de la lejanía el entusiasmo que la proximidad no les da. Ignoran --como decía el lúcido analista David Miró-- que ETA "ha significado el principal factor de deslegitimación de todas las luchas nacionales que se llevan a término en el territorio español, y que el modelo de sociedad que ha aplicado ETA allí donde ha podido se parece demasiado a la Alemania de los años 30 para que un pueblo como el catalán, con miles de muertos en los campos de concentración, pueda sentirse identificado". O sea, que los ciudadanos volvemos a tener miedo, los etarras vuelven a tener bombas, los catalanes soberanistas vuelven a mostrar sus complejos y algunos --demasiados-- activistas de la derecha española han vuelto a recuperar la sonrisa.