Jorge V. Jaime
Redacción Central, 2 jun (PL) La matanza de Haditha escandaliza hoy al mundo y parece coronar un punto de máximo ultraje contra el pueblo de Iraq, país que vio morir decenas de miles de civiles durante los últimos años.
La carnicería perpetrada por tropas estadounidenses el pasado 19 de noviembre también es interpretada por analistas como un resultado lógico de la disparatada agresión alentada por el presidente George W. Bush contra la nación árabe.
Washington y varios de sus aliados militares atacaron a la nación asiática en marzo de 2003, desde esa fecha y como consecuencia de operaciones castrenses de todos los niveles y envergaduras, unos 42 mil civiles murieron bajo las balas.
Varias agencias internacionales llevan el registro de las bajas de los efectivos norteamericanos -unas dos mil 470 actualmente-, pero escasean los inventarios sobre las muertes de ciudadanos iraquíes.
Según el medio alternativo Iraq Body Count, alrededor de 42 mil 434 iraquíes desarmados perdieron la vida desde el comienzo de la ocupación extranjera, caídos por el fuego de soldados interventores.
El hecho es que ahora hay que añadir a esa luctuosa lista otra veintena de fallecidos.
Durante la última semana trascendió que un grupo de marines arremetió contra 24 civiles en noviembre de 2005. Además se conoció que la barbarie fue encubierta por las tropas, quienes desinformaron a varias autoridades.
Al parecer, se registró una "sobre-reacción" furiosa de los soldados después que la explosión de una bomba colocada al borde de la carretera matara a un militar.
Lo cierto es que el pelotón norteamericano penetró al pueblo iraquí de Haditha, al noroeste de Bagdad, y disparó indiscriminadamente sus armas contra una vecindad indefensa, incluso contra ancianos, mujeres y niños.
Luego los marines explicaron a reporteros y oficiales superiores que los civiles fueron destrozados por el mismo explosivo que mató a su compañero.
Medios de prensa comparan este incidente con los sucesos en la villa de My Lai, cuando soldados de Estados Unidos asesinaron a centenares de campesinos el 16 de marzo de 1968, durante la guerra en Viet Nam.
Una misión que empezó como una "operación de búsqueda de hostiles", concluyó con el exterminio de 300 residentes desarmados de My Lai, entre ellos (también) mujeres, bebés, y ancianos. Algunos fueron torturados y sexualmente violados.
Según el congresista demócrata John Murtha, no hay duda de que la cúpula de los marines intentó encubrir las muertes de Haditha. Alguien en la cadena jerárquica castrense decidió congelar la investigación, aseveró el legislador.
Lo peor, agregó Murtha, es que la población iraquí sabía del asunto. Incluso las familias recibieron indemnizaciones de las fuerzas militares estadounidenses.
Ahora la pregunta básica: ¿Qué castigo prevé la Casa Blanca para sus tropas convertidas en escuadrones de la muerte?
Cuando el tristemente célebre escándalo de My Lai, sólo cuatro soldados fueron llevados ante un tribunal militar. Finalmente recibieron el perdón federal y ejecutivo del entonces presidente Richard Nixon.
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