Miguel Manzanera Salavert
Socio de SODEPAZ
'A cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus capacidades’ del Programa de
Gotha, es la ley económica fundamental de la sociedad comunista: la
producción en función de las capacidades de cada sujeto productor y la
distribución según las necesidades de los consumidores. La condición
para alcanzar ese estadio comunista de la sociedad sería la abundancia
de recursos y conocimientos, es decir, un amplio desarrollo de las
fuerzas productivas que permitiera sobradamente la satisfacción de las
necesidades sociales básicas.
Hace ya 35 años que sucedió la última conmoción política revolucionaria
en Europa, el Mayo del 68 y la primavera de Praga. El inspirador
filosófico del Mayo francés, Herbert Marcuse dialogando con los
universitarios huelguistas en un libro titulado ‘El final de la utopía’,
afirmaba que las sociedades desarrolladas ya poseían suficientes
recursos económicos, suficiente desarrollo de las fuerzas productivas,
para crear la utopía social de la emancipación del trabajo
asalariado, forzoso y alienado. Es decir, para crear una sociedad cuya
economía respondiera al principio comunista de organización social. ¿Por
qué no se ha producido el paso al comunismo? Marcuse analizaba la
estructura neurótica de la personalidad humana y el carácter represivo
de nuestra civilización, para explicar el hecho de que
todavía persistieran las formas irracionales de organización social;
todavía los factores subjetivos de la humanidad no estaban preparados o
maduros, para realizar lo que los factores objetivos permitían ya. Lo
que Marcuse señalaba en 1968 es hoy en día mucho más palpable y
evidente; también la alienación es mucho más grave, más aguda, más
opaca, más insoportable.
En estos últimos años, sin embargo, podemos pensar que empieza a brillar
una luz sobre el horizonte histórico. Entre los múltiples elementos que
configuran un nuevo panorama histórico de avance hacia el comunismo se
encuentra la lucha por la Renta Básica. La implantación de una Renta
Básica Garantizada; la percepción por cada ciudadano de una
cantidad fija de bienes materiales que cubran sus necesidades básicas de
por vida, desde el momento de su nacimiento hasta el de su muerte, es la
plasmación de la primera parte de la ley económica del comunismo según
Marx: 'a cada cual según sus necesidades'.
Sin embargo, lo conseguido hasta ahora es muy poco, comparado con lo
ambicioso del proyecto. Apenas 18.000 personas en Euskadi perciben una
Renta Mínima de Inserción, como medida del gobierno vasco para luchar
contra la pobreza extrema, el paro de larga duración, la marginación y
la exclusión social. En el resto del Estado español apenas 8.000
personas más, sobre en todo en Cataluña, se encuentran en esas
condiciones. La Renta Mínima de Inserción es una cantidad que se percibe
como parte de los programas asistenciales del Estado, no un derecho
reconocido a la ciudadanía como es la Renta Básica. Pero marca una vía
hacia el objetivo propuesto.
Los miembros de la plataforma Baladre de perceptores de la Renta Mínima,
una minoría activa dentro del colectivo, insisten en lo poco que se ha
avanzado en ese camino hacia la Renta Básica. Señalan la factibilidad
del objetivo propuesto, a poco que se eliminaran los gastos militares y
demás gastos improductivos o destructivos de la economía capitalista.
Frente al aprovechamiento reformista, limitado y asistencial, por el
Estado burgués, de esa idea revolucionaria, Baladre propone una
movilización que transforme la civilización capitalista desde sus mismos
cimientos, al acabar con la venta de la fuerza de trabajo en el mercado
laboral, terminando así con el trabajo alienado. En una sociedad donde
todos los ciudadanos tuvieran asegurada la satisfacción de sus
necesidades básicas, el trabajo sería voluntario, haciendo posible la
emancipación de los trabajadores; los trabajos más penosos serían mejor
remunerados, al contrario de lo que sucede hoy en día en el mercado
capitalista; y en algún caso, cuando nadie quisiera realizarlos a pesar
de las recompensas ofrecidas, esos trabajos penosos habrían de hacerse
mediante un compromiso de los ciudadanos a partir de la conciencia de
su necesidad, con plena libertad y mediante un reparto equitativo de las
cargas sociales.
La implantación de la Renta Básica tendría otro efecto beneficioso en la
estructura social, y es que permitiría definir mejor las necesidades
básicas de las personas, con lo que se eliminaría mucho consumo
superfluo de la actual sociedad, tanto como la producción destructiva
del capitalismo actual. La determinación de las necesidades básicas
habría de hacerse democráticamente por consenso social y éstas serían
iguales para todos por término medio, aunque habría suficiente
flexibilidad como para que cada cual utilizara su cuota de consumo como
le pareciera mejor. La Renta Básica estaría determinada por un criterio
económico objetivo, por ejemplo el 50% del Producto Interior Bruto
repartido equitativamente entre todos los ciudadanos. Sería personal,
universal e intransferible, no contributiva e independiente del mercado
de trabajo. Una parte de la misma, a fijar por consenso democrático,
estaría constituida por bienes colectivos (educación, salud, transporte,
etc.).
Esa determinación de las necesidades también habría de tener en cuenta
la definición de un bien comunista según W. Harich: 'comunista es aquel
bien que podría ser consumido por todo ser
humano en cualquier lugar en un momento histórico determinado'. Dado que
la Renta Básica es universal e igual para todo ser humano, todo ciudadano y todo miembro de la comunidad humana debería
tener igual posibilidad de acceso a todos los
bienes.
Se trata de una modificación en profundidad de nuestra actual estructura
económica, de tal modo que algunos teóricos han señalado esa lucha por
la Renta Básica como un camino capitalista hacia el comunismo.
Capitalista porque mantiene una institución fundamental del actual
ordenamiento económico, el mercado, como instrumento de regulación
económica del intercambio, reformando las condiciones en las que
funciona esa institución. Y es que, a juzgar por las experiencias del
siglo pasado para alcanzar el socialismo, no se puede prescindir de las
instituciones económicas capitalistas, sino que más bien hay que
situarlas en un nuevo marco social. Como se hizo con el Estado del
Bienestar, que pudo incorporar nuevos principios de organización
social, como la igualdad de oportunidades, sin abandonar lo conseguido
en la organización capitalista de la economía. Esa vía capitalista al
comunismo coincidiría con la evolución del liberalismo en los últimos
siglos: desde la revolución liberal, que pone las bases de la
acumulación capitalista (John Locke y Adam Smith), al Estado del
Bienestar, que asienta la igualdad de oportunidades como principio
básico de la organización social (John Stuart Mill y John M. Keynes); y
del Estado del Bienestar a la organización de la Renta Básica, que
establecería el principio de diferencia como derecho a la satisfacción
de las necesidades básicas (John Rawls).
Sin embargo, queda en el aire la etapa socialista de la evolución
social, que según Marx se regiría por el principio de 'a cada cual según
su trabajo', aboliendo la explotación. Lo que significa dos cosas:
primero, que los factores de la producción vendrían a ser retribuidos
según un criterio no capitalista de evaluación económica, un criterio
científico que atendiera a los intereses de los trabajadores
conscientes. Segundo, también se eliminarían todas aquellas actividades
improductivas e incluso destructivas que son retribuidas en el sistema
de la dominación capitalista (militares, policías, burócratas,
publicidad, etc.).
Ese problema está muy presente en el actual planteamiento de la Renta
Básica, que supone un rodeo de la evolución social para evitar el
enfrentamiento de clases y la dictadura del proletariado. Porque
paralelamente queda también en el aire la segunda parte de la ley de
organización comunista de la economía según Marx: 'de cada cual según
sus capacidades'. Pues la organización comunista de la producción no
solamente se refiere a la libertad respecto del trabajo alienado, sino
también al desarrollo de las capacidades humanas y a la socialización de
la humanidad. Lo cual exige estímulos, no necesariamente económicos,
para las actividades valiosas de los miembros de la sociedad; lo mismo
que hay que desanimar las actividades perniciosas.
Con el actual planteamiento el resultado de la movilización por la Renta
Básica no nos garantiza que la producción social alcance para satisfacer
las necesidades sociales; los sujetos pueden optar por el ocio y el
consumo sin aportar nada a cambio. Individuos egoístas a medio
socializar rechazarían aceptar la responsabilidad de realizar el trabajo
necesario. Pues el problema fundamental del capitalismo es que funciona
con los deseos egoístas de la humanidad y se desentiende los impulsos
altruistas como si fueran improductivos, de modo que bloquea e incluso
anula la socialización de los miembros de la sociedad.
Es decir, la movilización por la Renta Básica necesita complementarse
con otras actuaciones de los sujetos conscientes. Puede apelar al
egoísmo humano para conseguir ciertos apoyos y
facilitar así su instauración social. Pero no puede quedarse ahí. Hay
que ir creando paralelamente asociaciones y redes de trabajadores
voluntarios conscientes, que, al tiempo que se
liberan del trabajo alienado por el cobro de la Renta Básica, se
realicen como personas en la solidaridad social. Hay que animar a la
participación en la actividad económica y productiva de la sociedad
entendida de un modo completamente nuevo, y desarrollar así la
socialización de las gentes; y para eso es insuficiente el mercado,
incluso contando con el apoyo de la intervención
estatal. Para esto se tienen que cambiar los parámetros de evaluación de
la actividad económica que funcionan dentro del capitalismo.
Por poner un ejemplo, el trabajo doméstico, sobre el que descansa la
reproducción biológica de la especie, es realizado voluntariamente en su
mayor parte por mujeres sin retribución económica en el sistema de
mercado. Y no es deseable que ese trabajo, con un alto componente
afectivo y sentimental, sea alienado por las manipulaciones mercantiles.
Esto nos muestra cómo el trabajo no alienado tiene un alto componente
cultural y enraíza en las motivaciones básicas de las personas. La
actividad de los perceptores de Renta Básica debe encaminarse a la
realización altruista de tareas útiles para la colectividad. Las propias
mujeres con hijos podrían emanciparse de la tutela del varón en caso de
tener resueltas sus necesidades básicas y las de sus hijos.
Una segunda tarea complementaria es la lucha contra las injustas
estructuras actuales del capitalismo, contra la antiproducción inscrita
en la organización económica: armamentos, instrumentos de control social
represivo, burocracia, publicidad y consumo superfluo, derroche de
recursos y destrucción medioambiental, etc. Pero esa habría de ser
una tarea del movimiento obrero en sus organizaciones clásicas. Es este
aspecto el que nos muestra la necesidad del socialismo: un sistema
social que modifique la organización económica de modo racional, a
través del control obrero de la producción, basándose en la idea de que
la clase obrera tiene intereses emancipadores.
La lucha por la Renta Básica está todavía en una fase embrionaria. En
muchos países apenas si ha sobrepasado el nivel teórico, por ejemplo, el
libro Imperio de Toni Negri y Michael Hardt propone la Renta Básica como
instrumento de transformación del actual capitalismo imperial; y no es
casualidad que haya sido en Euskadi -allí las luchas de clase son más
agudas que en ningún otro lugar de Europa- donde se han empezado a
desarrollar luchas masivas, conscientes y con carácter práctico sobre
esa cuestión. Pues no se trata de obtener una cuota asistencial del
Estado benefactor, sino de establecer un auténtico derecho de la
ciudadanía mundial.